viernes, 18 de marzo de 2016

Maternidad, hijos por encargo - Capítulo IV


Esta mañana Lorene ha ido a hacerse una ecografía. La madre biológica, quien suele acompañarla a todas las citas, estaba en cama con gripe. Después de la consulta, Lorene llamó a su marido... «¡Van a tener niños!». ¿Hay alguna diferencia entre el embarazo propio y el que se hace para otros? «Sé que cuando los gemelos empiecen a pegar pataditas, voy a estar igual de emocionada y a llamar a toda la familia para que vengan a sentirlas», dice colocando sus manos sobre la tripa.
Mantiene contacto continuo con las familias definitivas y guarda álbumes de fotos que documentan el progreso de sus hijos. «Ésta es de un alce que paseaba por el jardín». A sus niños de Nueva York fue a visitarlos hace cinco años y piensa volver el año que viene. La conocen como «mamá natural Lorena» y saben que salieron de su vientre por las fotos que le muestran sus padres del embarazo. «Cuando estuve en Nueva York, el más pequeño no paraba de tocarme la tripa y luego salía corriendo haciendo risitas», recuerda Lorene con una sonrisa.
Los padres de Katherine le han prometido que en cuanto la niña les diga que quiere conocerla, pagarán el vuelo de toda la familia para que se vean en Alaska. «Tengo muchas ganas de que llegue ese día», dice Lorene mientras sujeta el retrato de Katherine entre las manos, entendiendo que seguramente no sea hasta su adolescencia. «Katherine empezó a leer con tres años», dice con orgullo. «Ahora tiene ocho, toca el piano y es muy buena patinando sobre hielo. ¡Le encanta montar a caballo! Me pregunto de dónde le viene esa afición», continúa Lorene, quien adora la equitación.
Pero lo peor de ser madre de alquiler no es no poder montar a caballo, ni tener que soportar la medicación previa al transplante de óvulos. Ni siquiera los dolores del parto o la más que posible cesárea que le espera en septiembre. A Lorene, lo que se le atraganta, son los mareos matutinos.

3 comentarios:

  1. Que bueno que existan padres que no tengan problema en que sus hijos conozcan a la mujer que los trajo al mundo.

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  2. Qué historia tan fascinante. Los seres humanos somos un gran misterio y qué cosas tan maravillosas podemos lograr.

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