viernes, 18 de marzo de 2016

Maternidad, hijos por encargo - Capítulo III


Las pruebas psicológicas son necesarias para descartar a la gente que no está mentalmente preparada para embarcarse en una aventura de estas características. «Un examen un poco tonto», recuerda Lorene, «con unas 589 preguntas del estilo: "¿Si te cabreas con tu papá, lo matarías?" o "¿Escuchas voces en tu cabeza?"». Es prácticamente la misma prueba que utiliza la policía norteamericana para evitar que entren esquizofrénicos en sus filas.
Con o sin agencia, los padres y la madre contratada se reúnen en múltiples ocasiones para conocerse antes de seguir adelante.Lorene estima que puede haber más de 1.000 nacimientos de alquiler al año en EEUU, pero es difícil saber el número exacto porque muchas mujeres trabajan por su cuenta.
Dos de cada tres mujeres que entran en la agencia de Kendis pidiendo ayuda son madres que no pueden dar a luz por problemas de salud pero todavía son fértiles como para donar sus propios óvulos. El resto (mujeres infértiles, hombres solteros o parejas de gays) buscan una donante de óvulos. A veces se utiliza el óvulo de la madre sustituta, pero legalmente resulta más complicado.
Además de contar con un buen abogado que conozca el tema, por si surge algún contratiempo, es importante que la madre de alquiler entienda desde el principio que está prestando su vientre a una pareja. No vaya a ser que el instinto materno la traicione y luego quiera quedarse con el bebé. Con la preparación adecuada es difícil que esto suceda, lo que no quiere decir que no se den casos de vez en cuando.
Lorene, una mujer dulce con sus hijos, con estudios medios, es ya una experta y no requiere supervisión psicológica. «Es una cosa muy emocional», dice al recordar su primer embarazo de alquiler.«Soy humana y había llevado a ese bebé dentro. Pero no eran lágrimas de remordimiento sino de haber conseguido algo». William, su segundo marido, padre de su hija Kaila, informático en un hospital, vive todo el proceso por primera vez. Se ha reunido varias veces con un psicólogo para hablar del tema y ha tomado una decisión: «No voy a estar en la sala de partos. Cuando ves el nacimiento te conectas demasiado con el bebé».

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