Para entonces, Elena ya conocía a la mujer que le prestaría su vientre, pues las agencias de madres de alquiler envían a las interesadas un nutrido álbum de candidatas. «Recibimos informes detallados de cada una de las posibles madres: la religión que practicaban, su estado psicológico y físico, si estaban casadas o solteras, los antecedentes clínicos de sus progenitores...Y una fotografía», relata Elena. Algunas incluso avisan de que por nada del mundo abortarían, amparándose en sus creencias religiosas, aunque se detectaran anomalías en el feto.
El requisito previo e ineludible para que estas mujeres
puedan alquilar su vientre, explicaron a Elena en la agencia californiana
Surrogate Parenting Services (SPS), es haber dado a luz al menos en una
ocasión, lo que en principio garantiza cierta experiencia. Erminia, la segunda
madre elegida por el matrimonio levantino, tenía ya cuatro hijos y era la dueña
de una empresa de catering de Los Ángeles.
Como Laura, ella también había nacido en México. «Procuramos
que nuestras madres sean de diferentes nacionalidades para que las clientas se
sientan más cómodas con el idioma», explica a CRÓNICA Susanna Kavanaugh,
portavoz de SPS, en EEUU, quien asegura no tener en su nómina de madres de
alquiler a ninguna española. Pero al menos 10 de sus clientas llegaron a través
de tres clínicas de fertilización con las que su agencia trabaja en nuestro
país. Sobre el número real de peticiones que reciben de España otras empresas
norteamericanas, dice no tener datos fiables.
A Elena, los sinsabores vividos durante la gestación de su
primera hija no la han hecho flaquear. Desde hace un año, va a por el segundo
niño. El primer intento ya falló. Ella lo supo hace sólo 15 días.

Es un proceso en el que deben involucrarse todos.
ResponderEliminarExacto! Sólo así puede terminar bien.
EliminarGracias chicas por escribir!
EliminarQue fuerte saber que puedes ser todo un proceso de venta o plan de mkting!
ResponderEliminarGracias por tu comentario Juan.
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