viernes, 18 de marzo de 2016

Maternidad, hijos por encargo - Capítulo IX


Para entonces, Elena ya conocía a la mujer que le prestaría su vientre, pues las agencias de madres de alquiler envían a las interesadas un nutrido álbum de candidatas. «Recibimos informes detallados de cada una de las posibles madres: la religión que practicaban, su estado psicológico y físico, si estaban casadas o solteras, los antecedentes clínicos de sus progenitores...Y una fotografía», relata Elena. Algunas incluso avisan de que por nada del mundo abortarían, amparándose en sus creencias religiosas, aunque se detectaran anomalías en el feto.
El requisito previo e ineludible para que estas mujeres puedan alquilar su vientre, explicaron a Elena en la agencia californiana Surrogate Parenting Services (SPS), es haber dado a luz al menos en una ocasión, lo que en principio garantiza cierta experiencia. Erminia, la segunda madre elegida por el matrimonio levantino, tenía ya cuatro hijos y era la dueña de una empresa de catering de Los Ángeles.
Como Laura, ella también había nacido en México. «Procuramos que nuestras madres sean de diferentes nacionalidades para que las clientas se sientan más cómodas con el idioma», explica a CRÓNICA Susanna Kavanaugh, portavoz de SPS, en EEUU, quien asegura no tener en su nómina de madres de alquiler a ninguna española. Pero al menos 10 de sus clientas llegaron a través de tres clínicas de fertilización con las que su agencia trabaja en nuestro país. Sobre el número real de peticiones que reciben de España otras empresas norteamericanas, dice no tener datos fiables.
A Elena, los sinsabores vividos durante la gestación de su primera hija no la han hecho flaquear. Desde hace un año, va a por el segundo niño. El primer intento ya falló. Ella lo supo hace sólo 15 días.

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