El otro problema de ser madre suplente surge de los prejuicios sociales y su repercusión en los medios de comunicación que no siempre ven con buenos ojos a las «madres de alquiler», un término que ellas rechazan. Últimamente, gracias a que algunos famosos han utilizado la técnica para tener hijos, comienza a ser aceptada.
Pero alquilar un vientre puede convertirse en un quebradero
de cabeza. Una madre canadiense, conocida popularmente como Trish74 por su
seudónimo de Internet, admitió haber utilizado el esperma de un donante
canadiense en lugar del semen del padre que la contrató. Ello supondría
reconocer que se ha comerciado con un ser humano, lo que está prohibido en
Canadá. Para salir del paso el padre británico reconoció que contaban con la
posible ayuda de este donante, pero que finalmente no requirieron de sus
servicios. Ahora Trish74 secunda la versión del británico. De todos modos, la
Cámara de los Comunes ha comenzado el debate sobre la necesidad de crear una
normativa, ahora inexistente, que regule la maternidad de alquiler.
En Canadá, donde a diferencia de EEUU la Seguridad Social
cubre los gastos médicos, se está planteando limitarla a aquellos casos en los
que se haga gratuitamente y por transferencia de óvulos. La realizada por
inseminación artificial quedaría prohibida.
La comunidad de madres suplentes reconoce que algunas
mujeres lo hacen exclusivamente por dinero y advierten de que si no se hace con
el espíritu de ayudar a los demás se acaba pasando muy mal. Lo cierto es que es
raro encontrar a alguien que se ofrezca a hacerlo de forma totalmente
altruista. «Si los ingresos de mi marido me permitieran dejar de trabajar, lo haría
gratis», explica Lorene.
Una madre suplente novata cobra el equivalente a unos 30.000
euros (entre 25.000 y 27.000 dólares). Los gemelos suelen llevar una prima
adicional de 3.425 euros (3.000 dólares), y la cesárea otro tanto. Lorene cobra
34.257 euros (30.000 dólares), sin sobrecargo por gemelos o cesáreas, bastante
menos de lo que podría embolsarse por ser madre con experiencia. Contando cada
minuto del embarazo, aunque no el tiempo dedicado a los preparativos, dicho
precio equivale a unos 5,7 euros la hora (unos 4,6 dólares).
Si consideramos que el alquiler de un apartamento de una
habitación en San José, la ciudad de la familia Yee, cuesta 2.055 euros (1.800
dólares) al mes y que dar a luz en California sin cesárea puede costar unos
5.700 euros (5.000 dólares), la compensación económica no parece extravagante.
Ahora, para cuando los padres han pagado el seguro médico, los gastos
sanitarios adicionales, el abogado, el psicólogo y a la madre, las cantidades
pueden ascender hasta los 57.000 euros, o 68.500 si se han utilizado los
servicios de una agencia.
Además de los sacrificios obvios, existe también el tener
que vivir con prejuicios de otras gentes. «Cuando la mamá de mi prometido se
enteró de que yo había sido madre suplente, le dijo a su hijo que si se casaba
conmigo ya no sería parte de la familia», confiesa Yee. «Así que me dijo que me
fuera». Ahora, felizmente casada con William, a quien conoció en Internet, ve
esa ruptura como una bendición, pero entonces fue devastadora.

Muchas cosas duras que enfrentar personalmente.
ResponderEliminarLos prejuicios sociales, ¡siempre tan estúpidos! ¿Por qué no detenerse un momento antes de juzgar para informarse y, si bien no estar de acuerdo, respetar la decisión de los demás? No está matando a nadie, ¡está dando vida!
ResponderEliminarGracias por tu comentario!
EliminarQue fuerte...
ResponderEliminarSí.
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