viernes, 18 de marzo de 2016

Maternidad, hijos por encargo - Capítulo VIII


ELENA CONTRATÓ UN VIENTRE

Elena tuvo dos abortos, uno tras otro, y un viaje preñado de esperanza hasta Los Ángeles. Su delicado útero, agotado tras años de tratamiento, no podía soportar más hormonas. La ginecóloga fue clara: si quería tener un hijo, tendría que contratar a una madre de alquiler.
Ella no sabía entonces que tal posibilidad existía ni tampoco que las leyes españolas prohíben tajantemente el alquiler de vientres. Pero su marido, a quien la propuesta de la doctora sedujo de inmediato, estaba a su lado. Dijeron que sí, a sabiendas de que el vuelo de su particular cigüeña atravesaría el Atlántico en un viaje de ida y vuelta de 19.000 kilómetros. «Cualquier distancia nos parecía corta», dice ahora orgullosa.
Hace 11 meses que esta levantina de 30 años (la identificamos como Elena para preservar su identidad) supo lo que es ser madre. Un útero alquilado en EEUU obró el milagro. «Estábamos dispuestos a sacrificarnos hasta donde hiciera falta, a ir hasta el fin del mundo», cuenta mientras acurruca entre sus brazos a la niña de sus desvelos.
Lo suyo no fue un camino de rosas. La primera madre que contrató, una mujer mexicana, casada y con tres hijos que le había ofrecido una agencia norteamericana recomendada por la propia clínica que la trataba en España, no funcionó. En tres ocasiones los embriones que Laura llevaba dentro se perdieron un mes después de ser implantados. Fue un duro golpe. Descartada esta candidata, tuvieron que volver a repetir los engorrosos trámites que la legislación norteamericana exige en estos casos.
Elena ya se ha olvidado del difícil parto: la pequeña, que nació sietemesina, pasó el primer mes de vida en la UCI del hospital Century City de Los Ángeles. Fueron semanas de angustia, de noches en vela pendientes del último parte médico, en las que conocieron a otras parejas españolas en busca de la paternidad. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas han hecho el viaje de ida y vuelta. Elena conoce al menos cuatro.
Regresar de EEUU con un hijo cuesta, como poco, 72.121 euros (65.000 dólares), sin incluir billetes de avión, hotel y medicinas. El proceso comienza en casa, donde las futuras madres biológicas son sometidas a una estimulación ovárica que las deja en la antesala de la clínica americana. Una vez cruzado el charco, le extraen el óvulo y comienza el sueño.

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