Elena tuvo dos abortos, uno tras otro, y un viaje preñado de
esperanza hasta Los Ángeles. Su delicado útero, agotado tras años de
tratamiento, no podía soportar más hormonas. La ginecóloga fue clara: si quería
tener un hijo, tendría que contratar a una madre de alquiler.
Ella no sabía entonces que tal posibilidad existía ni
tampoco que las leyes españolas prohíben tajantemente el alquiler de vientres.
Pero su marido, a quien la propuesta de la doctora sedujo de inmediato, estaba
a su lado. Dijeron que sí, a sabiendas de que el vuelo de su particular cigüeña
atravesaría el Atlántico en un viaje de ida y vuelta de 19.000 kilómetros.
«Cualquier distancia nos parecía corta», dice ahora orgullosa.
Hace 11 meses que esta levantina de 30 años (la identificamos
como Elena para preservar su identidad) supo lo que es ser madre. Un útero
alquilado en EEUU obró el milagro. «Estábamos dispuestos a sacrificarnos hasta
donde hiciera falta, a ir hasta el fin del mundo», cuenta mientras acurruca
entre sus brazos a la niña de sus desvelos.
Lo suyo no fue un camino de rosas. La primera madre que
contrató, una mujer mexicana, casada y con tres hijos que le había ofrecido una
agencia norteamericana recomendada por la propia clínica que la trataba en
España, no funcionó. En tres ocasiones los embriones que Laura llevaba dentro
se perdieron un mes después de ser implantados. Fue un duro golpe. Descartada
esta candidata, tuvieron que volver a repetir los engorrosos trámites que la
legislación norteamericana exige en estos casos.
Elena ya se ha olvidado del difícil parto: la pequeña, que
nació sietemesina, pasó el primer mes de vida en la UCI del hospital Century
City de Los Ángeles. Fueron semanas de angustia, de noches en vela pendientes
del último parte médico, en las que conocieron a otras parejas españolas en
busca de la paternidad. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas han hecho el viaje
de ida y vuelta. Elena conoce al menos cuatro.
Regresar de EEUU con un hijo cuesta, como poco, 72.121 euros
(65.000 dólares), sin incluir billetes de avión, hotel y medicinas. El proceso
comienza en casa, donde las futuras madres biológicas son sometidas a una
estimulación ovárica que las deja en la antesala de la clínica americana. Una
vez cruzado el charco, le extraen el óvulo y comienza el sueño.

Toda una labor que merece reconocerse.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo!
Eliminarno estoy de acuerdo!
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